lunes, 25 de mayo de 2020

Como Sembrar FRESA En Maceta/ reproducir fresa/germinar semillas de fresa



Cultivo de fresas: Desde la siembra hasta la cosecha


Cultivar fresas en tu jardín en casa es muy sencillo siempre y cuando tengas algunas cosas en cuenta como la mejor ubicación y el cuidado apto para fresas. Aquí te explicamos cómo acompañar a tus fresas desde la siembra hasta la cosecha para tener un cultivo exitoso de fresas.

Nombre científico: Fragaria
Familia: Rosaceae
Origen: Los Alpes
Climas: Crece en climas cálidos y fríos
Dificultad del cultivo: Baja
Tiempo hasta la cosecha: de tres a cuatro meses

Sembrar fresas

En climas cálidos se puede sembrar fresas durante todo el año, pero también aquí la primavera es la época ideal para la siembra. En países con un clima templado cómo España o Chile es mejor sembrar las fresas en primavera. Las fresas necesitan luz para poder germinar, así que no tapes las semillas con tierra sino solamente colócalas sobre la tierra y riégalas abundantemente. Aquí encuentras el instructivo cómo sembrar tus fresas paso a paso.

Plantar fresas

Después de uno o dos meses puedes trasplantar tus fresas a una maceta más grande o a tu jardín. La plantita debería de tener mínimo cuatro hojas. El espacio que necesita cada planta varía un poco dependiendo del tipo de fresa, pero calcula más o menos unos 25 a 30cm por planta. Las fresas necesitan mucha luz, pero en países con mucho sol también agradecen un lugar en media sombra. Aquí te explicamos cómo traspasar tus fresas y qué cuidado necesitan justo después del trasplante.

Cuidado de fresas

Las fresas no son muy difíciles de cuidar:
Necesitan agua a diario, pero hay que evitar que el agua se estanque.
Necesitan más o menos tres veces al año fertilizante: antes de florecer, antes de cosechar y después de la cosecha.
Necesitan ser protegidas contra plagas.

Esas plagas aman las fresas

Las fresas no solamente nos gustan a nosotros sino también a diferentes insectos y mamíferos, por ejemplo:
· cucarachas
· caracoles
· babosas
· ratones
· diferentes escarabajos
· gusanos
· chinche amarilla
· pulgones

La mayoría de esas plagas es fácil de reconocer y controlar: si tus fresas están mordidas, algún insecto tenía hambre. Protege tus fresas con una tela con espacios suficientemente grandes para que les del sol pero suficientemente chicos para que no entren insectos o ratones. También puedes poner una construcción de alambres o mosquitero alrededor de tus fresas. Aquí encuentras más información sobre las plagas que se comen tus fresas y cómo alejarlas.

Enfermedades comunes

En el caso de la fresa se diferencian tres tipos de enfermedades: de la raíz, del follaje y enfermedades y plagas de flor y fruto. Las más peligrosas son las enfermedades de la raíz porque muchas veces se detectan ya demasiado tarde. En general aplica: una fresa sana probablemente no se enfermará. ¡Siempre es mejor prevenir que tratar! Pero si las hojas de tu fresa tienen manchas, se enrollan de una manera muy rara o están cubiertas por una capa gris, parece que tu planta está enferma. Aquí te explicamos las enfermedades más comunes, sus síntomas y los tratamientos.

Cosechar fresas

Sobre cuánto tiempo tarda una fresa en dar frutos es muy variable y depende sobre todo del tipo de la fresa y de su ubicación. Mientras más luz (luz, no sol) le dé a la fresa, más rápido va a dar frutos. Usualmente debería de dar frutos de tres a seis después de la siembra. En países de clima cálido las fresas dan frutos durante todo el año, en climas templados solamente en los meses de verano empezando en mayo. Aquí encuentras más información sobre cómo y cuándo cosechar tus fresas .

Reproducir fresas

Una buena noticia: ¡las fresas se reproducen solas! Cuando observas que les están saliendo ramitas muy largas sin hojas ¡no las cortes! Son hijuelos o estolones, así se reproduce la fresa. Cuando le salen hojitas a la rama, pon esa parte sobre tierra ya sea en una maceta o en tu jardín y espera unos días: el hijuelo forma raíces y se agarra de la tierra. Una vez que esté bien agarrado puedes cortar la rama, el “cordón” que tiene con la planta madre.




Fuentes:

HUERTO EN CASA

y

Manos de Tierra

domingo, 24 de mayo de 2020

Cómo cultivar col (repollo) y col lombarda








Col (repollo) y col lombarda, amigas inseparables


          Cultivar col (repollo) y col lombarda no es una tarea complicada. Sin embargo, no suele verse mucho en los huertos urbanos de la ciudad ¡una lástima! Tanto la col (repollo), como la col lombarda son dignas de cultivarlas en tu mesa de cultivo por sus propiedades nutritivas y porque se trata de dos variedades de coles que por lo general crecen en compañía.


Historia


          Tanto la col (repollo) como la col lombarda o roja son dos tipos de coles que pertenecen a la familia de las crucíferas. En el primer caso, la col se destaca por sus hojas de afuera de un color verde oscuro y las interiores bastante más pálidas. Mientras que la col lombarda, se trata de una planta anual que presenta un tallo fuerte y leñoso y hojas de color violáceo, con un cogollo compacto.


La siembra


          Estas plantas necesitan de suelos calcáreos, húmedos, pero bien drenados, ricos en humus y profundos. Se recomienda añadir un abono, en especial si antes has cultivado en el mismo terreno alguna leguminosa. La buena noticia es que se adaptan a todas las condiciones climáticas siempre y cuando reciban mucha luz natural.


          ¿Cómo sembrar? Puedes cultivarlas en macetas o directo en la tierra. En el primer caso, debes elegir receptáculos de al menos 20cm x 20 cm x 20 cm mientras que si las plantas en el suelo hay que mantener una distancia de 40 cm entre planta y planta.


          Al plantar las semillas, hay que hacerlo a una profundidad de 0.5 a 1 cm para luego cubrirlas con una fina capa de tierra y compost. Luego de 40 a 50 días es hora de trasplantarlas prestando atención al cubrir la planta con la tierra pues habrá que rellenar hasta la base de las hojas evitando cubrir el brote central debido a que es muy frágil.







El riego


          Lo mejor que puedes hacer para que crezcan durante todo el ciclo es regarlas con frecuencia pues son plantas sensibles a la sequía que necesitan de la humedad para desarrollarse. Esto sucede porque debido a sus hojas anchas el agua se evapora con mayor rapidez. Evita los encharcamientos que podrían provocar podredumbres de la raíz.


Plagas y enfermedades


          Para cuidar tus cultivos de col y col lombarda, debes prestar atención a como lucen tus ejemplares para así dar cuenta de posibles enemigos como:

          Hernia de la col: se trata de una enfermedad provocada por un hongo, que provoca abultamientos en el tallo y en las raíces, marchitando sus hojas.

          Mariposa de la col: es una mariposa blanca con puntos negros que pone sus huevos en el envés de las hojas. Sus larvas verdes y peludas se comen las hojas dejando el nervio central.

          Pulgón: insectos que succionan la savia de las hojas y provocan unas manchas amarillentas que terminan por marchitar a la planta.

          Babosas y caracoles: afectan a las hojas externas y duras de las coles comiéndoselas. 


La poda


          Se realiza quitando las malas hierbas durante todo el ciclo del cultivo.


La cosecha


          Al igual que el resto de las coles, son plantas bianuales y es por eso que hay que recolectarlas antes de la floración.

          Al momento de cosechar hay que tener cuidado y sacarlas de raíz, separándolas del tallo. También habrá que arrancar los tallos para evitar la aparición de enfermedades en el suelo debido a que al pudrirse se infectan con plagas.


Cuidados imprescindibles


          Si quieres mejorar los resultados al cultivar col y col lombarda presta atención a los siguientes consejos:

          – Luego del trasplante se aconseja realizar un recalce con tierra en la base del tallo para ayudar a sostener a la planta y evitar que se tumbe.

          – Tanto la col como la col lombarda necesitan de muchos nutrientes y es por eso que es de vital importancia el abonado, que puedes realizar con compost.

          – Entre los nutrientes que necesitan tus plantas, debes elegir restos orgánicos ricos en nitrógeno, en especial hasta el momento de la formación de las cabezas.

          – A la hora de asociar la col y la col lombarda con otras plantas, lo mejor es cultivarlas junto a remolachas, judías, lechugas, guisantes, patatas, pepinos o tomates. Evita las fresas y las habas.

          – Al asociar cultivos, se recomienda asociarlas con hierbas aromáticas para ayudar a repeler insectos. ¿Las mejores? La menta, la melisa, el romero o el tomillo.

          





Fuentes:

y




sábado, 23 de mayo de 2020

Cómo cultivar remolachas en macetas


Las hortalizas de raíz son muy agradecidas para el horticultor urbano. Son fáciles de cultivar en cualquier maceta que reúna unas mínimas condiciones y no necesitan casi cuidados. Todos sabemos lo fácil que es cultivar zanahorias pues hoy queremos mostraros otra hortaliza de raíz con la que podéis ampliar vuestro abanico de cultivos en maceta. Se trata de la remolacha que como veremos a continuación es un cultivo que nos garantiza el éxito.


Podemos cultivar remolachas en cualquier contenedor que mida unos 25-30 cm de profundidad. En cuanto a sus demás proporciones cualquier medida nos va bien pues podemos cultivar varios ejemplares juntos sin ningún problema. El mejor momento para comenzar la siembra es 2-3 semanas antes de la última helada prevista en el lugar donde vivamos.


Para conseguir una cosecha escalonada podemos seguir sembrando semillas de remolacha cada 3-4 semanas hasta que la temperatura alcance los 27ºC. También podemos seguir sembrando a primeros de otoño hasta que las temperaturas lleguen a ese mismo rango.


Sembraremos las semillas de la remolacha a una profundidad de poco más de 1/2 cm y con una separación de unos 7,5 cm. Hay que dejar espacio para que crezcan bien las remolachas sin molestarse unas a otras. Aunque lo recomendable es sembrar más espeso y después aclarar las plántulas pues así nos aseguramos el éxito. Para mejorar la tasa de germinación podemos dejar las semillas a remojo la noche anterior a la siembra. Aunque si las semillas han sido tratadas con fungicidas es mejor evitar esta práctica.


A los 5-15 días tendremos las semillas germinadas. Colocaremos la maceta en un lugar cálido, soleado y protegido. Cuando las plántulas midan unos 7,5 cm de altura podemos aclararlas para dejar la separación antes dicha.


Las plantas de la remolacha deben recibir al menos 6 horas de sol al día. También es conveniente que tengan una buena circulación de aire. El suelo debe ser rico en nutrientes por lo que añadiremos compost por ejemplo para asegurarnos este punto. Vigilaremos que no contenga demasiadas piedras para que no se dañen las raíces.


Puedes usar sustrato ya preparado para horticultura o hacer tu propia mezcla. Con 1 parte de tierra, 1 de compost y 1 de perlita puedes elaborar un buen suelo para tus remolachas. También puedes hacer otra variante sin tierra mezclando 1 parte de musgo de turba o fibra de coco, 1 parte de compost y 1 parte de perlita, vermiculita o arena. Se puede añadir a cualquiera de estas recetas un poco de fertilizante de liberación lenta.





El riego es fundamental para conseguir unas remolachas bien jugosas. El suelo debe estar siempre ligeramente húmedo pero nunca encharcado. Tampoco es bueno dejar secar en exceso el suelo. La temperatura ideal para el cultivo de la remolacha se encuentra en un rango entre 10 y 29ºC aunque puede cultivarse desde 4,5ºC hasta 32ºC. Claro está que en estas circunstancias no conseguiremos las mejores cosechas.


Si usamos fertilizantes químicos echaremos mano de una fórmula NPK 5-10-10 y si hay déficit alto de nitrógeno una fórmula 20-20-20. En cambio si usamos fertilizantes orgánicos podemos usar compost o estiércol curado. Un té de compost cadas 2 semanas les irá muy bien. Para corregir el déficit de boro, algo frecuente en las remolachas, se pueden añadir algas al té de compost.


La cosecha se realiza a las 6-8 semanas después de la germinación. Aunque podemos usar las hojas tiernas para ensalada desde que miden unos 8-10 cm de longitud. Obviamente cuidando no dejar a la planta sin hojas.





Fuentes:

Guía de Jardinería

y


viernes, 22 de mayo de 2020

Cultivar calabacín en maceta


Eso de que tener un huerto en casa es una posibilidad solo para aquellos que poseen grandes jardines es una idea que queda relegada al pasado, y es que cada día son más las personas que se suman al cultivo casero de algunos alimentos en sus balcones e incluso en sus pequeñas ventanas.



Lo único que necesitarás es una maceta flexible, algunas semillas de la planta de calabacín… ¡Y muchas ganas de trabajar su cultivo! Sigue esta fácil y rápida guía paso a paso para cultivar calabacín en maceta:
  1. 1.- Llena una maceta con tierra y fertilizante (el humus de lombriz le va muy bien) y planta en ella un máximo de dos semillas a una profundidad de 2 o 3 centímetros.
  2. 2.- Colócala en un lugar bien iluminado donde reciba abundante luz solar, pues resulta fundamental para el correcto desarrollo de la planta.
  3. 3.- Riega a diario manteniendo siempre el sustrato húmedo hasta que notes que empiezan a crecer las primeras hojas, que suele ser de cinco a diez días después de la plantación. A partir de entonces sigue regando para mantener la humedad en la tierra.
  4. 4.- En este momento debes trasplantar a una maceta más grande de unos 40 cm de diámetro para permitir que los calabacines puedan desarrollarse en un espacio suficiente (esto suele ser unos 30 días después de la plantación). Recuerda que debes volver a abonar la tierra y rellenar el fondo de la maceta o jardinera con bolitas de arcilla.
  5. 5.- La recolección suele llevarse a cabo unos 90 días de la plantación, cuando los frutos de la planta todavía no se encuentran del todo maduros.
Ten en cuenta también que además de la exposición solar el calabacín necesita desarrollarse a una temperatura de entre 20ºC y 30ºC dependiendo del momento de crecimiento en el que se encuentre.



Fuentes:

Ecología verde

y



jueves, 21 de mayo de 2020

Cómo cultivar melones y sandías en huertos urbanos


La mayoría de los melones necesitan un suelo rico en nutrientes, mucho sol, y por lo menos 3 a 4 meses de clima cálido. Pueden ocupar muchísimo espacio, por eso es recomendable plantarlos en vertical (entutoriarlos) para aquellos de vosotros que tengáis un espacio limitado o cultivéis en macetas.
Podéis utilizar medias viejas que tengáis en casa para aguantar el peso del fruto.
CONSEJO: Para el cultivo es maceta los litros de sustrato necesarios son 30, pero nosotros recomendamos utilizar una maceta más grande para poder plantar flores alrededor y atraer polinizadores.

Variedades que podemos cultivar

Melón francés: Tiene un aire a la calabaza. Se caracteriza por su red de “venas” superficiales en su corteza y por su pulpa, que puede variar de un color salmón a verde, aunque los que se cultivan por aquí tienen la pulpa de color naranja.
Melón piel de sapo: Sus frutos son grandes y ovalados, tienen una corteza suave que puede ser lisa o arrugada de color verde con manchas oscuras.
Sandías: Están bajo una clasificación botánica diferente, Citrullus lanatus, pero se desarrollan en las mismas condiciones que los melones. Aquí podemos encontrar dos variedades muy famosas, sandía sugar baby y Crimson sweet (sus nombres en inglés ya lo dicen todo).

Plantación

Los melones necesitan un lugar soleado posible con una buena circulación de aire, esto ayudará a que se sequen rápidamente después de la lluvias, evitando enfermedades. Las raíces de los melones suelen extenderse entre 2 y 25 centímetros dentro de la tierra, pero algunas variedades pueden alcanzar una profundidad de 4 o 5 metros. Precisaremos de un suelo suelto y con buen drenaje.
Un punto importante para el cultivo de melones y sandías es que el suelo no este frío, esto puede dañar a las plántulas. Lo ideal es plantar sus semillas en semilleros de turba para evitar este problema. La plántula deberá trasplantarse a las 2 o 3 semanas de haberse plantado la semilla, si las plántulas crecen demasiado tendrán problemas para establecer raíces. Siembra varias semillas en cada semillero de turba, y colócalo en una ventana orientada al sur o en un lugar soleado. Unos días antes de trasplantar, conviene aclimatar las plantas poniéndolas al aire libre en una zona soleada durante el día.
Para sembrar directamente en nuestro huerto urbano o jardín deberemos esperar 2 semanas después de la última helada. Recomendamos sembrar unas seis semillas por caballón, así evitaremos que las plantas compitan en nutrientes durante su desarrollo.
En climas fríos, es necesario colocar un plástico negro o un acolchado de papel un par de semanas antes de sembrar o trasplantar, para calentar el suelo y mantener el calor una vez que las plantas están en el suelo.

Pautas de crecimiento

En el caso que no hayas utilizado un acolchado de papel, aplica un acolchado orgánico, ya que esta cobertura nos ayudará a suprimir las malezas y mantendrá las frutas limpias y libres de enfermedades. Regar generosamente, sobre todo después del trasplante y cuando los frutos se desarrollen.
Las flores masculinas serán las primeras en aparecer en las juntas de las hojas, en el tallo principal y en los grandes brotes laterales. Una semana después aparecerán las flores femeninas, a pesar de las muchas flores femeninas, cada mata producirá sólo tres o cuatro melones. La mayoría de los melones jóvenes crecerán hasta el tamaño de un huevo, en este punto será necesario abonar de nuevo para que los frutos puedan desarrollarse sin problemas.
Las matas de melones y sandías pueden parecer muy robustas, pero en realidad son muy delicadas, manejadlas con sumo cuidado.
En las zonas más frías recomendamos quitar las flores y las frutas más pequeñas de las matas después de mediados del verano, ya que no tendrán tiempo para madurar antes de las heladas, malgastando energía y recursos que pueden ser aprovechados por los frutos que se encuentran madurando.

Problemas

Los escarabajos rayados del pepino pueden ser plagas serias, tienden a ser más destructivos con las plantas de siembra directa que con los trasplantes. Su presencia es mayor durante la época de floración de las plantas.
Rociar las plantas jóvenes con arcilla de caolín puede disuadir a los escarabajos de alimentarse de la planta. Como última alternativa podemos recolectarlos con una aspiradora de mano.
Otros indeseados que podemos encontrar entre nuestras sandías y melones son los pulgones del melón, para combatirlos de forma ecológica y respetando al medio ambiente podemos utilizar jabón potásico, o bien torta de semillas de neem.
Los mohos son comunes en tiempos de lluvia. El mildiu produce manchas amarillas en la superficie de las hojas, con áreas de color púrpura en el envés. Para evitar el mildiu usaremos propoleo, harina de ortiga o torta de semillas de neem.
El oídio aparece en las hojas y tallos en forma de manchas blancas polvorientas. Este afecta a la dulzura de los melones, porque el hongo desvia el azúcar de la mata para impulsar su propio crecimiento. Es conveniente cortar y destruir todas las ramas afectadas y aplicar propoleo o torta de semillas de neem.
Ciertas bacterias producen flacidez en hojas y tallos, segregando una sustancia blanca y pegajosa cuando se corta. En este caso lo mejor es deshacerse de las plantas infectadas. Esta marchitez causada por bacterias esta intimamente relacionada con los escarabajos del pepino y los pulgones, si mantenemos a estos dos a raya las posibilidades de que nos afecten estas bacterias es menor.

Cosecha

Cuando recolectemos las sandías y los melones, el tallo del fruto a la mata debe romperse limpiamente, sin ejercer ninguna presión, con tan sólo recoger el fruto debería ser suficiente. A menudo se puede juzgar la madurez de los melones y melones por el olor solamente.
Un truco para determinar la madurez de una sandía es golpeándola, si obtenemos un ruido sordo es que la sandía está madura, de lo contrario es que todavía le queda un poco.
Otro truco consiste en observar el rizo que une la sandía a la planta, cuando este se vuelve marrón significa que ya está lista para ser recogida.
El último truco consiste en mirar la superficie inferior de la sandía, la que está en contacto con el suelo. Si se ha pasado de un color pajizo claro a dorado, naranja o amarilla, está madura para la cosecha.


Fuente: